La región de Coquimbo tiene el 100% de su superficie en riesgo de desertificación, degradación de la tierra y sequía, según la Corporación Nacional Forestal de Chile (CONAF). Si no se toman acciones rápidas, las condiciones para las poblaciones locales se podrían endurecer aún más.

En 2005 la Comunidad Agrícola de Peñablanca, en la comuna de Ovalle, región de Coquimbo, creó la reserva Cerro Grande, de 100 hectáreas, para preservar el último lugar con vegetación dentro de sus terrenos, que se encuentran muy afectados por la desertificación y por décadas de cultivo de trigo extensivo.


La reserva se ha forestado con más de 800 plantas nativas, como el Canelo, el Olivillo y el Petrillo. También cuenta con cuatro sistemas de atrapanieblas, que aprovechan la niebla existente para regar estas plantas y poder crear a futuro un bosque.


Óscar Enrique Tello, de 83 años y comunero de Peñablanca, fue uno de los iniciadores de la reserva. "Antes aquí se sembraba en toda la comunidad trigo, alcanzando cosechas de hasta 40.000 kg. Gracias a eso las personas podían vivir y dar una educación a sus hijos y alimento para el ganado. Con el tiempo este negocio fue decayendo, producto de la competencia generada en Argentina, en donde se vendía mucho más barato. Competir con sus precios era inviable por los altos costos en que se incurría".


En la actualidad "muchas personas viven de la ganadería, pero no es sustentable por el deterioro que provocan los animales cuando pisotean el pasto. Se ha intentado que el número de animales se redujera, pero no ha dado resultado. El hecho de que hoy en día se vean menos animales que antes, es producto de la sequía, ya que el ganado muere por falta de alimento y agua".


El Programa ONU-REDD, junto con la Convención de Diversidad Biológica y el Ministerio de Agricultura a través de CONAF, puso en marcha a finales del pasado año un proyecto piloto que está ayudando a los esfuerzos de esta comunidad por preservar su área boscosa.

 

Mural Lucha contra la desertificación Cerro Blanco

Foto: Mural de lucha contra la desertificación en Cerro Blanco. CONAF.


El proyecto "Desarrollo de un modelo de inversión socio-ambiental para restauración de tierras semiáridas en Chile" se enmarca en la Estrategia Nacional de Cambio Climático (ENCCRV) y pretende fortalecer la restauración ecológica para mejorar las condiciones ambientales de la región.


Para llevarlo a cabo, se trabaja tanto con la Comunidad Agrícola de Peñablanca como con la de Cerro Blanco. Con esta iniciativa se ha podido "dar continuidad a los trabajos de la reserva de Cerro Grande porque se han aportado muchas enseñanzas, sobre todo en temas de monitoreo para darle seguimiento a la flora del lugar y saber reconocer la vegetación. Además, los diversos talleres de cambio climático y prevención de incendios han sido de gran valor", señala Tello.

 

Claudia Rojas, también comunera de la Comunidad Agrícola Peñablanca, coincide con esta opinión, y agrega que las actividades del proyecto "han sido fundamentales para seguir con el trabajo de proteger y conservar la flora de nuestra reserva de Cerro Grande".

 

Con el proyecto se está aportando capacitación sobre prevención de incendios forestales y sobre los efectos del cambio climático y cómo enfrentarlos. "Estamos conscientes que el cambio climático vino para quedarse, por tanto, todas las acciones que se hacen es para resguardar la zona y adaptarla. Estamos trabajando en zanjas de infiltración, diques, microterrazas, cercos vivos y tantas otras obras para proteger la tierra", apunta Domingo Cortés, Presidente de la Comunidad Agrícola de Cerro Blanco.


Maritza Segovia, secretaria de esta comunidad, explica que, a futuro, "la comunidad debe hacerse responsable de cuidar la flora y pedir a todos los comuneros que protejan lo que se ha conseguido, que es un bien para todos".


El proyecto piloto cuenta con un presupuesto de casi 446.000 USD, de los cuales 200.000 corresponden a financiamiento externo para su ejecución, y está apalancado a través de la misma ENCCRV, con fondos administrados por el Programa ONU-REDD y la Convención de Diversidad Biológica. CONAF aporta su parte en forma de horas de especialistas, oficinas, uso de vehículos y administración.